El recinto ferial recibe estos días a unos quinientos especialistas sanitarios y de la industria farmacéutica que analizan lo último en terapias y medicamentos.
FIMO se ha convertido a primera vista en un laberinto de expositores de la industria farmacéutica. El encuentro de las sociedades del dolor gallega y española ha traído a la ciudad a más de 450 especialistas en la materia, según los datos de la organización. Pero la medicina es, además de una ciencia apreciada por sus beneficios, un negocio. Ahí es donde entra la serie de chiringuitos semejantes a los que suelen encontrarse en ferias de venta de muebles o de aperos agrícolas, pero que en este caso albergan muestras de medicamentos, estudios farmacológicos o la traducción del número 352 del The New England Journal of Medicine .
La elección de ese número de la antigua (nació en 1812) y prestigiosa publicación estadounidense no es casual. Uno de sus artículos trata sobre la Vacuna para la prevención del herpes zóster y la neuralgia posherpética en los ancianos , cuyo análisis en la reunión es uno de los muchos platos fuertes del programa.
La presentación de las actividades, que durarán tres días, recayó en los organizadores del congreso, que también son miembros de la Sociedad Española del Dolor. Estuvieron el presidente electo, Alberto Camba; el presidente, Carlos de Barutell; el tesorero, Jorge Pallarés; y el secretario, José Luis Rodríguez. Tras unas breves explicaciones sobre la entidad, que tiene 800 miembros, y la asistencia a las jornadas; los cuatro doctores (todos ellos en activo) se lanzaron a responder a las preguntas médicas que les plantearon los periodistas.
Hablaron sobre la sudodicha vacuna, de la que el doctor Barutell espera que proporcione «mucho alivio» a las víctimas de la neuralgia postherpética. Trataron también el uso de opioides, medicamentos que son, según Alberto Camba, víctimas del desconocimiento, ya que sus efectos secundarios «son menores que los de los fármacos Aines» y es «muy difícil» desarrollar una adicción.
Aportaron bastantes datos. Uno de ellos es que el 55% de las personas que sufren dolor crónico se automedican y, en Galicia, tardan hasta siete años en ir al doctor. Jorge Pallarés hablo de los peligros de esas prácticas con las que el congreso también busca acabar.