La fibromialgia (FM) se ha convertido en una de las principales
causas de dolor crónico en la población. En un reciente estudio efectuado
en nuestra sección, un 18% de solicitudes de primeras visitas
tenían el diagnóstico de fibromialgia.
Afecta principalmente a la población femenina (80%), y sobre todo
en edades comprendidas entre 25 y 50 años, aunque también
afecta a varones y se están describiendo casos en niños. Afecta a alrededor
de un 2,5% de la población española1,2.
La fibromialgia está definida como un cuadro doloroso crónico, no
articular, que no sigue la irradiación típica de un dolor reumatológico,
con afectación predominante de músculos y que se acompaña de una
hipersensibilidad exagerada en una serie de puntos perfectamente definidos,
sin acompañarse de alteraciones orgánicas demostrables3.
En 1992, la OMS la reconoce como enfermedad, estando tipificada
en el manual de Clasificación Internacional de Enfermedades
(CIE 10) con el código M79.04.
En 1990, la ACR establece unos criterios diagnósticos: dolor difuso
de más de 3 meses de duración y positividad de al menos 11 de
los 18 puntos diagnósticos establecidos y que quedan reflejados en
la ilustración de la página siguiente5.
Se trata de un síndrome complejo
y, por tanto, su tratamiento requiere
un abordaje multidisciplinar, interviniendo
el médico de asistencia primaria,
con un papel fundamental, el
reumatólogo, psicólogo, trabajador
social, psiquiatra, etc.; y si a pesar de
ello no mejora el paciente, las unidades
del dolor pueden tener un gran
papel terapéutico.
Deberemos tratar no sólo el dolor
crónico, sino una serie de síntomas
añadidos: alteraciones del sueño, astenia,
alteraciones digestivas, etc.
Recientemente, Bennett estableció
una serie de procesos a tratar en estos
pacientes y que vemos reflejados en
la tabla adjunta6.
Programa terapéutico de Bennett
1. Diagnóstico y evaluación.
2. Educación.
3. Dolor.
4. Cansancio.
5. Sueño.
6. Alteraciones psicológicas.
7. Alteraciones endocrinas.
8. Disautonomía.
9. Desentrenamiento.
10. Disfunción cognoscitiva.
11. Crisis existencial.
12. Síndromes asociados.
A pesar de los muchos tratamientos que se han utilizado, ninguno
de ellos resulta lo efectivo que el médico y el paciente desearían,
ya que seguimos desconociendo su etiología.
Los diversos tratamientos ensayados y utilizados se basan en cortas
experiencias o ensayos con pocas evidencias científicas: pocos
enfermos tratados, períodos relativamente cortos, etc., pero todos
coinciden en resaltar una discreta mejoría que alcanza a alrededor de
una cuarta parte de los pacientes tratados.
Parece que la norma más extendida por su eficacia, no es establecer
unidades monográficas de FM, sino intentar los tratamientos
multidisciplinares con la intervención de diversos especialistas.
Consideramos que el tratamiento correcto de la fibromialgia, debe
seguir los siguientes puntos:
• Diagnóstico de la enfermedad.
• Información al paciente: explicar al paciente en qué consiste su
enfermedad.
• Tratamiento no farmacológico.
• Tratamiento farmacológico.
• Tratamiento multidisciplinar.
Diagnóstico de la enfermedad
Es fundamental para iniciar el tratamiento, y para ello basta con
aplicar los criterios del Colegio Americano de Reumatología. Los
pacientes, antes de llegar a saber la enfermedad que padecen, han sufrido
un peregrinaje de especialistas y pruebas diagnósticas, muchas
de ellas molestas y a veces con importantes yatrogenias, ya que los
síntomas de los pacientes son muy variopintos7. En un estudio en
nuestro servicio, la media de médicos visitados antes del diagnóstico
fue de 7 médicos, durante un período medio de 4,5 años.
En muchas ocasiones, sólo el conocer el paciente qué enfermedad
tiene contribuye en gran manera a conseguir una mejoría de su
cuadro.
Para un correcto diagnóstico, sólo se precisa la anamnesis y exploración
adecuada, ya que, por desgracia, no existe ninguna prueba
diagnóstica en la actualidad.
El paciente contará un dolor difuso, de larga evolución y que se
acompañará fundamentalmente de cansancio que no se recupera con
el sueño, de forma que refiere levantarse “peor que se acuesta”, “como
si le hubieran dado una paliza” o “como si le hubiera pasado un
camión por encima” (frases que comúnmente expresa el paciente),
acompañándose de una sintomatología abigarrada: parestesias, cefalea,
mareos, solopatía funcional, molestias ginecológicas y miccionales,
síndrome de Raynaud, etc.
La exploración sólo detectará la positividad de los puntos ya
conocidos.
El laboratorio sólo sirve para descartar otros procesos, recomendando
una analítica mínima que comprenda RFV, factor reumatoide,
PCR, enzimas musculares y hormonas tiroideas. Si se
acompaña de síndrome seco, deberemos determinar autoanticuerpos
para descartar un síndrome de Sjögren asociado. No existe ninguna
analítica diagnóstica de la enfermedad, aunque quizá en un
futuro se pueda disponer de la misma. Experimentalmente se han
realizado una serie de estudios: aumento de IL-6 e IL-8, disminución
de serotonina (por anticuerpos antiserotonina que aparecen en
un 75% de casos), aumento de sustancia P y aminoácidos en líquido
cefalorraquídeo, disminución de la hormona de crecimiento (se
detecta en un 30% de casos, por la alteración del eje hipotálamohipofisario).
Los estudios radiográficos no aportan nada, por lo que, como mucho,
se puede realizar una Rx de tórax para descartar procesos específicos
pulmonares. Otras técnicas más sofisticadas (TAC, RMN,
isótopos) sólo sirven para encarecer el proceso y, en muchas ocasiones,
confundir más a un paciente generalmente desorientado.
Otras técnicas (estudios de sueño, electromiograma, etc.) sólo se
realizarán cuando tengamos que descartar patologías cuyos signos o
síntomas se confundan con el paciente.
Como norma general, deberemos establecer un diagnóstico diferencial
con: hipotiroidismo, depresión, miopatías, síndrome de fatiga
crónica, artritis reumatoide y colagenopatías.
Diríamos como resumen que:
• El diagnóstico es eminentemente clínico.
• Por este motivo, el médico de asistencia primaria puede perfectamente
realizarlo.
• Sólo se derivarán pacientes a algunos especialistas o se realizarán
pruebas más sofisticadas, para descartar otras enfermedades.
Información al paciente8,9
Es indispensable explicar al paciente que padece una enfermedad
benigna, de evolución crónica, que puede dificultar su vida cotidiana,
a veces de forma importante, pero que nunca le va a dejar secuelas
(al contrario que otros procesos reumatológicos). Personalmente,
sólo hemos visto mejorar a los enfermos que entienden su
proceso.
El saber que tiene una “enfermedad”, aceptada por la OMS, y que
“no se inventa” los síntomas, contribuye a que mejore en la mayoría
de los casos. Es útil explicarle que sus síntomas son los que quedan
reflejados en cualquier libro de medicina, enseñándole el mismo o,
incluso, entregando a los enfermos informes explicativos de su enfermedad
o remitiéndolos a páginas de Internet que tengan bases serias
de información10.
Esta información debemos dársela junto a los familiares más cercanos,
pues es fundamental la ayuda de los mismos, que no será posible
si no conocen la enfermedad.
Coincidimos con otros autores en que la información sobre la enfermedad
es indispensable para conseguir una mejoría del proceso9.
Insistimos en que sólo los pacientes que comprenden y entienden su
enfermedad experimentan mejoría.
Tratamiento no farmacológico
Es aceptado por todos que el tratamiento de la FM es mucho menos
exitoso de lo que médico y paciente quisieran. Resulta evidente
que sólo con fármacos, la mejoría es mínima, precisando actuar desde
otras perspectivas:
Educación del paciente: Ya hemos comentado lo indispensable
que resulta que el enfermo y sus familiares conozcan la enfermedad.
Existen, además, situaciones que pueden empeorar la clínica, como
es el estrés, el excesivo trabajo, los problemas laborales o familiares,
etc., que si el paciente los elimina conseguirá mejorar su situación
clínica11.
Conseguir mejorar las condiciones del sueño será importante, intentando
que éste sea reparador. Para ello, evitar las bebidas excitantes
(café, colas, etc.), hacer ejercicio, mantener un horario regular,
tomar infusiones o leche caliente antes de acostarse, etc.
Tratamiento psicológico: Evidentemente, la fibromialgia no es
una depresión, pero la severa afectación que la fibromialgia produce
en la vida de los pacientes hace que los síntomas de ansiedad y
depresión aparezcan en los pacientes. Será indispensable tratar estos
cuadros añadidos, para conseguir una mejoría del enfermo.
El paciente ha de aceptar que tiene una enfermedad crónica que
le va a causar dolor, cansancio, etc., y tiene que marcarse unas pautas,
yo diría que diarias, para ir avanzando en su proceso. Por ejemplo,
conseguir ir a la compra, conseguir andar progresivamente más
metros cada día, etc.
El apoyo terapéutico que un psicólogo aporte puede beneficiar al
paciente. Diversas técnicas han demostrado su efectividad: técnicas
modificadoras de conducta, técnicas de biofeedback, acupuntura,
hipnosis, etc.12,13,14,15.
Tratamiento del problema médico-legal añadido: Los pacientes
con fibromialgia tienen tan alterada su calidad de vida que, frecuentemente,
están más afectados que con patologías muchísimo
más importantes y graves, e incluso mortales.
Unido a esto y al incremento que la población tiene sobre esta enfermedad,
también son muchos los pacientes que simulan padecer
una fibromialgia.
Otros pacientes, unido a la fibromialgia, tienen un importante
componente psiquiátrico ansioso-depresivo, que debe ser tratado por
el especialista correspondiente.
El médico de asistencia primaria o el especialista que reciba al
paciente tiene como función primordial establecer cuándo se encuentra
ante una fibromialgia y, si no es así, actuar en consecuencia.
Además, los pacientes, que tienen disminuida su capacidad laboral
precisan la baja laboral con frecuencia, y muchos de ellos solicitan
incapacidades definitivas, lo cual resulta dificultoso debido a la
ausencia de pruebas diagnósticas específicas de la FM. Esto llega a
convertirse en una importante lucha, basada en que “si estoy enfermo,
debo recibir la ayuda pertinente”, pero esto no siempre es posible,
a la vez de ser dudoso el efecto beneficioso que una baja laboral
tiene en la evolución de una FM. En este sentido, algunos autores
opinan que deberían eliminarse las incapacidades por fibromialgia,
ya que incrementan el sentimiento de enfermedad de los pacientes16.
La exigencia por los pacientes de informes en este sentido nos
obliga a los médicos a realizarles muchas exploraciones y pruebas,
innecesarias generalmente, pero como medicina defensiva para evitar
que se nos escapen otros diagnósticos. A pesar de todo, debemos
recordar que un paciente con fibromialgia puede tener, al igual que
personas sin otras enfermedades, cualquier otro proceso.
Descartadas otras enfermedades, el médico de asistencia primaria
será quien deba asumir el control de los pacientes.
Ejercicio físico: Los pacientes con FM se benefician del ejercicio,
incluso por la mejoría que con el sueño tiene la realización del
mismo.
Los distintos autores no se ponen de acuerdo sobre qué tipo de
ejercicio es el mejor, aunque siempre debe recomendarse en relación
a los gustos y edad del paciente, advirtiéndoles que si al principio
tienen dificultades, deben marcarse como pauta positiva el incremento
periódico en la intensidad y duración del mismo17.
Generalmente, los ejercicios en piscina climatizada tendrán efecto
beneficioso y son menos “molestos”, al realizarse en agua y, por
tanto, “contra gravedad”.
Para adaptarse a cada paciente, el andar, la natación y el yoga o
taichi parecen los ejercicios más recomendables a la mayoría de los
mismos.
Técnicas de fisioterapia: Existen diversos trabajos que defienden
todas las variantes de fisioterapia que podamos pensar: acupuntura,
laserpuntura, radioterapia, TENS, masajes, etc. Siempre son trabajos
con pocos pacientes y con deficiencias metodológicas. Quizá, los
masajes con aplicación de calor local y combinados con ejercicios
en piscina sea lo más beneficioso18.
Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico de la FM debe entenderse como
una parte más del tratamiento integral del paciente19.
No conocemos la etiopatogenia exacta de la FM, por lo que no
existe un tratamiento resolutivo, intentando al menos mejorar la calidad
de vida de los enfermos.
En la actualidad, los tratamientos médicos se basan en la evidencia
científica, refrendando cualquier tratamiento unos ensayos clínicos
perfectamente realizados, aleatorizados y controlados con placebo;
pero respecto a la FM, los ensayos y trabajos realizados son deficitarios
en este aspecto tan importante: muestras pequeñas, sin
comparar con placebo (aunque los pacientes con FM responden con
frecuencia al mismo), se buscan objetivos muy distintos, etc.
Se han utilizado inyecciones locales en los puntos sensibles de
cada paciente, con anestésicos locales, siendo sus resultados dudosos
y variables20.
Los fármacos comúnmente utilizados en la FM quedan establecidos
en la tabla siguiente21:
TRATATAMIENTO FARMACOLÓGICO
Tratamiento del dolor
1. Analgesia simple: a) AINEs; b) paracetamol.
2. Analgesia de acción central: a) tramadol;
b) opiáceos.
3. Terapia coadyuvante: a) antidepresivos;
b) antiepilépticos
Tratamiento alteración sueño
Tratamiento acompañante:
Analgésicos: simples: paracetamol y AINEs; acción
central: tramadol y opioides; adyuvantes: A. tricíclicos y
antiepilépticos; experimentales: bloqueantes NMDA y
antagonistas del receptor 5-HT; otros: SAM, ácido málico/
magnesio.
Antidepresivos: tricíclicos; ISRS; ISRS no selectivos.
Ansiolíticos: alprazolan y antidepresivos.
Mejora del sueño:
Antihistamínicos; hipnóticos: zolpidem y zaleplon;
benzodiazepinas; relajantes musculares.
Síndrome piernas inquietas:
L-dopa/carbidopa; nuevos agonistas dopa; clonazepan;
opioides.
Otros fármacos:
Inyección de GH; inyección de lidocaína en puntos
dolorosos.
El tratamiento farmacológico irá encaminado no sólo a tratar el
dolor, sino las manifestaciones que acompañan a la FM (alteraciones
del humor, alteraciones del sueño, etc.).
Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): Han demostrado poca
eficacia en el dolor, quizá debido a que su acción se produce inhibiendo
las prostaglandinas de forma fundamental; es decir, que actúan
sobre el dolor nocioceptivo periférico, mientras que en la FM
existe un importante componente sensorial y efectivo. Se han probado
la mayoría de AINEs, con resultados muy variables y poco significativos.
Si se usan, debemos recordar las ventajas de los nuevos
COXIB (rofecoxib y celecoxib), que al menos minimizan los efectos
gástricos adversos22.
Se han utilizado distintos analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos
(AINEs), si bien no se ha demostrado una mayor eficacia
con los AINEs que con analgésicos, y, en cambio, pueden tener más
efectos adversos digestivos, renales, etc.
Analgésicos: Tanto el paracetamol como el tramadol han demostrado
su eficacia analgésica23, aunque no han demostrado que disminuyan
los puntos sensibles de la FM.
Los opioides se han utilizado en muchos cuadros dolorosos agudos
y crónicos, si bien en la FM su uso está en discusión, entre otras
cosas, por la posible adicción. Se carece de estudios clínicos serios
que justifiquen su uso.
Se ha estudiado el efecto beneficioso del tramadol asociado a dosis
bajas de paracetamol (325 mg), mejorando el dolor respecto a
placebo y con pocos abandonos del tratamiento24. Está prevista la
comercialización en breve de este producto.
También existen estudios utilizando el fentanilo (opiáceo puro)
en el tratamiento de la FM, pero sus resultados no han sido positivos25.
Igualmente se ha utilizado la morfina, también con malos
resultados.
Antiepilépticos: Se han utilizado desde hace años como coadyuvantes
en el tratamiento del dolor (neuropatías diabéticas, neuralgia
postherpética, etc.)26. En la actualidad han aparecido nuevos antiepilépticos
(gabapentina, topiromato y ácido valproico) que están
sustituyendo a los clásicos ((fenitoína), con unos mejores resultados
aparentemente. Quizá, la gabapentina es el que mejores resultados
ha obtenido en un estudio que demuestra que no sólo mejora el dolor,
sino la positividad de puntos sensibles27. Actualmente se está estudiando
la pregabalina, sucesor de la gabapentina, y con unos resultados
esperanzadores28.
Antidepresivos: La utilización de antidepresivos a dosis pequeñas
puede mejorar la sintomatología, pues no sólo incrementan el umbral
del dolor, sino que mejorarán el cuadro depresivo que casi siempre
tienen asociado los pacientes18,22.
Los más estudiados han sido los tricíclicos (ATC) y los inhibidores
selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS).
Quizá son los fármacos que más abandonos reflejan por los efectos
secundarios de los mismos, por lo que se recomienda iniciar el tratamiento
con dosis pequeñas. Los estudios realizados, en cambio, indican
que disminuyen el dolor, a la vez que mejoran el cansancio y el
sueño en los pacientes, aunque la disminución de puntos dolorosos se
constata de una forma variable, mejorando más con el uso de ATC29.
Los ATC más utilizados son la amitriptilina, la doxepina y la ciclobenzaprina.
Esta última, aunque generalmente queda clasificada
como relajante muscular, tiene una estructura tricíclica.
El fármaco con el que se han realizado más ensayos ha sido la
amitriptilina (Tryptizol®), con resultados positivos en un 50% de pacientes.
Se ha estudiado la asociación de tryptizol y fluoxetina, con
mejores resultados que ambos fármacos por separado30. La asociación
de tryptizol y paroxetina parece mejorar estos resultados.
Los ISRS más estudiados son la fluoxetina, paroxetina, sertralina
y ciltalopram. Todos ellos tiene menos efectos secundarios que los
ATC, mejorando no sólo el dolor, sino notablemente el estado de
ánimo tan afectado en los enfermos. Ya hemos indicado que la fluoxetina
y paroxetina mejoran los resultados si se utilizan junto a la
amitriptilina.
Otros antidepresivos utilizados han sido los inhibidores de la
MAO y la venlafaxina, siendo la venlafaxina la que parece aportar
más efectos beneficiosos.
Mejoría del sueño: Es un factor importante, mejorar el sueño no
reparador de los pacientes, para lo cual han demostrado su utilidad
los antihistamínicos, las benzodiazepinas, los relajantes musculares
y los hipnóticos.
Las benzodiazepinas podría ser que mejoraran la sintomatología
dolorosa si se asocian a analgésicos/AINEs, pero los estudios son
poco definidos.
Como resumen, diríamos que mientras no tengamos algún fármaco
con evidencia científica en el tratamiento de la FM, deberemos utilizar
el arsenal de que disponemos, teniendo en cuenta siempre que el
tratamiento de la FM lo podemos comparar a un taburete de tres patas:
ejercicio, analgésicos y antidepresivos a dosis bajas. Si falla alguna
de las patas, evidentemente el “taburete” es inestable y cae.
Tratamiento multidisciplinar
Recientemente, se ha demostrado cierta utilidad en el tratamiento
multidisciplinar, que engloba tratamiento médico farmacológico,
tratamiento físico, ayuda psicológica y terapia ocupacional, con resultados
esperanzadores y, sobre todo, con mucho mejor resultado
que unidades exclusivas de tratamiento de fibromialgia31.
La composición ideal de un grupo multidisciplinar sería: reumatólogo,
médico de familia, médico especialista en dolor, psiquiatra,
DUE, fisioterapeuta, trabajador social y psicólogo.
Últimamente32, se han comunicado los resultados de un grupo
multidisciplinario, que aporta unos resultados positivos, si bien
constata un importante número de abandonos, como ocurre con todos
los tratamientos planteados ante la FM. El estudio estaba formado
por un grupo excesivamente pequeño de pacientes (participaron
sólo 21 pacientes).
Como final del tratamiento, queremos hacer una referencia a la
medicina alternativa. Los pacientes con FM se sienten “abandonados”
por la poca eficacia de los tratamientos que reciben –como así
es generalmente– y, asimismo, los frecuentes efectos adversos de los
mismos. Esto hace que muchas veces recurran a tratamientos no médicos
o paramédicos, que además, eventualmente, les mejoran su
sintomatología. Aquí podríamos incluir terapias que están alcanzando
cierto auge, en ocasiones con iniciales estudios que parecen avalarlas:
ozonoterapia, magnetoterapia, etc. Junto a ellas, observamos verdaderas
barbaridades a las que, la mayoría las veces, contribuye la difusión
por páginas web de contenido no avalado científicamente. En este sentido,
sólo alertamos de los peligros de muchas de estas terapias, recomendando
que, por lo menos, estén guiadas siempre por profesionales
médicos y, a ser posible, avaladas por sociedades científicas.
RESUMEN DEL ABORDAJE DEL PACIENTE CON
FIBROMIALGIA
1. El diagnóstico de la FM es eminentemente clínico, no
precisando pruebas complementarias (salvo mínima
analítica para descartar otras patologías). Es por ello
que el diagnóstico se hace y debe hacerse en los Centros
de Atención Primaria.
2. Si el paciente no mejora o su médico piensa que puede
ser otro proceso reumatológico distinto o añadido a la
FM, remitirá enfermo al especialista de reumatología.
3. Los controles sucesivos de los pacientes con FM los debe
realizar su médico de cabecera, que podrá consultar
con el especialista cuando la clínica del enfermo así lo
recomiende y, generalmente, para hacer diagnósticos
diferenciales.
4. Cuando la afectación del paciente sea importante, se
beneficiaría de un tratamiento multidisciplinario. Dada la
ausencia de estos equipos, esta asistencia, en muchas
áreas (como la de nuestro hospital), la suplen las Unidades
del Dolor.
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