Los antidepresivos vienen utilizándose para el tratamiento del
dolor crónico prácticamente desde que se introdujeron en clínica psiquiátrica
hace ahora casi 40 años. A pesar de todo este tiempo transcurrido,
las bases neurobiológicas para su utilización no están ni mucho
menos esclarecidas. Esta circunstancia se ha debido principalmente
a dos factores: el primero, es que los especialistas en psicofarmacología
de los antidepresivos no han estado interesados en su
acción analgésica, y el segundo, y en sentido inverso, que los especialistas
en dolor y analgésicos no han estado interesados en los antidepresivos.
Un tercer factor, bien distinto de los anteriores, es que
el mecanismo de acción de los antidepresivos, globalmente hablando,
no está tampoco claro.
Solamente cuando hemos tenido una idea más o menos clara de
las acciones bioquímicas de los antidepresivos es cuando hemos empezado
a comprender que dolor y depresión, depresión y dolor, ponen
en marcha mecanismos fisiopatológicos más o menos similares
en algunas facetas. Apartir de aquí, relacionar estos mecanismos con
la acción analgésica de los antidepresivos ha sido la tarea a desarrollar
en los últimos años.
El paso más importante en el conocimiento del mecanismo de acción
analgésico de los antidepresivos se da cuando se descubre que
estos fármacos son capaces de inhibir la recaptación de dos monoaminas,
la noradrenalina y la serotonina, aunque algunos de ellos lo
hacen sobre una de las dos más selectivamente. A partir de aquí se
establece una hipótesis de la etiopatogenia de la depresión. Sin embargo,
no es, hasta hace poco tiempo, que sabemos que este particular
mecanismo también está implicado en su acción analgésica. Diversos
grupos han demostrado que la inhibición de la síntesis de noradrenalina
o la inhibición de la síntesis de serotonina, tanto una como
otra, es capaz de disminuir de manera ostensible la acción analgésica
de varios antidepresivos cuando se evalúan experimentalmente.
No obstante, el papel de estas dos monoaminas en el dolor
crónico no está claro. No obstante, el hecho de que haya evidencias
de una implicación para estas dos monoaminas, tanto en dolor como
en depresión o estados afectivos deficitarios, ha desarrollado la hipótesis
de que la mejoría en el componente emocional del dolor estaría
en el fondo del alivio del dolor por los antidepresivos. Si bien
esto puede ser cierto, no lo es en todos los casos, ya que algunos estudios
han puesto de manifiesto que los antidepresivos pueden inducir
analgesia en ausencia de cualquier deterioro afectivo-emocional.
Se han barajado por ello otros posibles mecanismos como responsables
de la acción analgésica de los antidepresivos. El que más
ha sido buscado en diferentes trabajos experimentales de investigación
ha sido la implicación del sistema opioide. En efecto, varios estudios
han puesto de manifiesto que la acción analgésica de algunos
antidepresivos puede ser antagonizada por la naloxona y otros antagonistas
opioides. Dado que los antidepresivos se unen con baja afinidad
a los receptores opioides, esta acción debe ser indirecta. Además,
la naloxona no bloquea la acción analgésica de cualquier antidepresivo,
sino únicamente de algunos de ellos y sólo en determinadas
condiciones.
Comoquiera que el efecto de los antidepresivos se observa mucho
más claramente en cuadros de dolor crónico, se han estudiado
otros posibles mecanismos, destacando entre todos ellos la actuación
sobre receptores NMDA, de tal manera que los antidepresivos podrían
disminuir la sensibilización secundaria a un proceso de agresión
nociceptivo. En el dolor neuropático, este ha sido uno de los
mecanismos estudiados.
Otros posibles mecanismos implicados en la acción analgésica de
los antidepresivos son: la influencia sobre canales de iones sodio,
potasio y calcio, el sistema adenosinérgico, el óxido nítrico y algunos
factores tróficos celulares. Pero, no obstante, los mecanismos
más investigados siguen siendo aquellos relacionados con el sistema
noradrenérgico, el sistema serotoninérgico y sus diferentes receptores.
En este ultimo aspecto cabe destacar aquellos estudios que implican
a los receptores alfa-adrenérgicos, beta-adrenérgicos y los serotoninérgicos
del subtipo 1A (5HT1A).
Con todo, el estudio del mecanismo de acción analgésico de los
antidepresivos ha sido relanzado últimamente con la introducción de
nuevos fármacos antidepresivos, como venlafaxina, duloxetina o
milnacipram, que se han mostrado de gran utilidad en los pacientes
con dolor crónico, por lo que cabe esperar que en los próximos años
veamos avances tangibles en este campo de la farmacología de la
analgesia.
Agradecimientos
Esta comunicación ha sido posible gracias a los proyectos FIS
01-1055, FIS PI031430 y PAI-CTS-510.