Nacho nos ha dejado hoy tal y como vivió: discretamente, trabajando hasta el final,
rodeado de su familia, amigos y equipo profesional de la Unidad de dolor del Hospital de la Zarzuela.
Hoy somos todos un poco más huérfanos de nuestros mayores: pioneros en el trabajo bien hecho de aliviar el dolor crónico de quienes lo sufren cada día.
En estos durísimos momentos queremos enviar desde la SED un enorme abrazo a su familia y amigos.






